No recuerdo el día que nos conocimos, pero estoy casi segura que fue hace 4 años.
Ese primer año, lo vi en pocas ocasiones, diría que nunca. No era como si me importara.
Fue a partir del año 2 que nuestras vidas y horarios empezaron a coincidir; aunque aún no cruzábamos palabra, yo lo distinguía de lejos. Al paso del tiempo, empecé a mirarlo más y más, y me pareció verlo rodeado de un no-se-que encantador... presentí que teníamos más de una cosa en común.
En el año 3 comenzó nuestra vida como vecinos, lo cual me sorprendió agradablemente. Confirmé mis sospechas, éramos similares en varios sentidos, y comenzamos a hablar (no sin un poco de vergüenza por mi parte).
Sin previo aviso, me descubrí viéndolo con otros ojos. Y en un segundo me di cuenta de todo aquello que no había visto antes… ese momento supe que él me gustaba, que me atraía; pero al mismo tiempo supe que un romance entre nosotros era prohibido por no decir totalmente imposible y unilateral.
Pasé la página, pues pensé (y quise creer) que había confundido la admiración, por amor.
Reímos a carcajadas juntos, y completábamos la frase que el otro no terminaba, parecíamos gemelos y… algo más, algunas veces. Yo estaba deslumbrada, pues todo lo que yo quería y quise ser, él lo era. Y siempre estuvo un paso delante de mi, o dos.
También había momentos de silencios amargos e incómodos, silencios interminables, inalcanzables e inexplicables. Silencios que hasta el día de hoy no comprendo, y pienso que fueron actos de puro egoísmo e ignorancia.
Los días a su lado permanecieron confusos a partir de la primera aparición de esos silencios, eran como una enfermedad elegante, que te destrozaba lentamente por dentro sin que te dieras cuenta hasta que estuvieras en el lecho de muerte.
Mientras que con las demás personas todo era simple y fácil, mi amistad con él no era bien vista por ellos -mis otros amigos-.
Llegó un momento en que lo que se mantenía –aún- en la confusión salió a la luz del razonamiento, y concluí mas de una idea… Lo que yo sentía por él era admiración, un amor abnegado y apasionado, -sin embargo- sin deseos de lujuria hacia su cuerpo; rayando en la adicción, obsesionándome.
Llegué a ese punto, donde sólo su presencia lograba sacarme de la fastidiosa indiferencia; y me sorprendí la primera vez que me encontré chequeando compulsivamente mi correo, a ver si tenía algún mensaje de él.
Él me importaba más, que la opinión que tenía de mi misma.
Yo sabía desde antes de sentir amor (o algo parecido, pues amor sonada imposible e improbable), que él era todo lo que yo alguna vez soñé ser, y que lo seguiría siendo a medida que yo siguiera soñando, siguiendo al pie de la letra mis deseos mas íntimos y personales.
Llegó el momento en que decidí aclarar mis sentimientos; y pensé que aunque terminara admitiendo que esto es amor, ya yo sabía que era absurdo. El motivo… el motivo por el cual es absurdo e imposible es más grande, pero más simple y cotidiano de lo que piensas. Es algo más que el miedo al rechazo (lo cual no es algo pequeño e inofensivo a lo cual enfrentarse). El motivo secreto, tiene una cadena que me ata, una cadena más fuerte que esto que siento por él; es una cadena que me inmoviliza y me impide decirle que en mi mente, (a pesar del vacío absorbente y abstracto que contiene) la única persona que cabe es él.
Luego de muchas, muchas sesiones de reflexionar como la anterior, llegó el inapelable momento de la duda… “¿de verdad siento amor?”, pues aunque nunca lo dije, y me doliera admitirlo, yo sentía envidia hacia él. Envidia por ser todo lo que yo soñaba ser. Envidia por estar adelantado, a pesar de tener la misma edad que yo. Envidia por su forma de ser, por su popularidad, por su estilo, por su mente abierta y su facilidad de expresarse… su inteligencia, el modo de emplearla, su retorcido sentido del humor…
Y. Esos silencios. Inalcanzables. Inconclusos, vacíos, inútiles… e inexplicables.
Envidiaba todo su ser, y me di cuenta también con un golpe de amargo y dulce raciocinio… que lo amaba, desde lo más profundo, hasta lo más básico, primordial y esencial de mi existencia. Que él era el cliché romántico por el cual siempre había esperado sin siquiera saberlo, y que a cada hora ansiaba tenerlo a mi lado. Sentía que cada centímetro lejos de él era espacio que sobraba... millas y millas de desperdicio, donde mi amor e ilusiones se creaban un camino hasta su mirada; ilusiones sin base probada científicamente, pues sentía que éste… era el romance más abstracto y torpemente perfecto que jamás volvería a experimentar. Quería sentir su respiración como si fuera la mía, quería sentir sus manos envolviendo las mías, quería sentir su aliento tan cerca como la gravedad y los roces lógicos lo permitieran; hasta el azul del cielo no valía la pena, si él no sonreía; yo quería tomarlo en mis brazos, abrazarlo como si mi vida dependiera de ello, quería besarlo hasta que el aire se acabara; en las noches, yo deliberaba entre mis almohadas, susurrando su nombre, y juro que sentía su calor a mi lado si me concentraba … sentí que morir valdría la pena si el me anhelaba tanto como yo a él … Tanto… tanto quise, tanto soñé… y tanto temí perder.
…empecé a decirme a mi misma que mas vale ser egoísta, y aguantarme todo eso y no contárselo ni a él ni a nadie, que abrir mi desorientada boca y echar todo a perder… y perderlo para siempre.
Nunca me gustó apostar a lo seguro, me parece cosa de cobardes, pero esa vez, tuve una corazonada de que ésta vez… y sólo ésta vez… era mejor callar ante el mundo (mi mundo) y soportar estas mariposas yo sola.
El año 4 comenzó. Y ésta vez lo sentí más distante que nunca, ya no éramos lo mismo… y me esforcé en pensar en el porqué, y en la solución.
El conoció personas nuevas. Y justo allí desenterré otro sentimiento, los celos. Especialmente dirigidos a una persona, quien parecía dominar el lugar que yo solía ocupar, el de amiga incondicional, con la que siempre creó buenas memorias.
A medida que pasó el año, los silencios asesinos eran más constantes, prolongados… y él se enfocaba en la tarea de ignorarme y mirarme como a alguien a quien nunca habló en su vida, tratándome con indiferencia, arrogancia y algunas veces altanería, petulancia, egocentrismo… Creí y supuse que había hecho algo mal, y que por lo tanto trataba de darme algún mensaje, como por ejemplo: “ahora soy mejor, no necesito tu aburrida compañía… me avergüenzas, ahora tengo nuevo amigos. Ellos si están a mi altura.”… el dolor luego de notar eso rayaba en la desesperación, la perdición absoluta, me sentía desorientada… con ganas de suicidarme, y terminar de una vez con esa difusa y dolorosa confusión.
Lloraba hasta que amanecía, casi deshidratándome. Mi vida volvía a ser un laberinto sin sentido.
Pero justo cuando estaba al borde del precipicio, el cual parecía ser el final del laberinto… el aparecía con una inmensa sonrisa y el mejor de sus ánimos. Yo pensé: “¿acaso luzco tan patética?”, luego de eso, me dejaba llevar por aquel paraíso temporal que se creaba entre el infierno existencial y las ganas de morir viva.
Sabía que en cualquier segundo aquella nube de ilusiones se desvanecería, pero cuando al fin lo hacía, dejaba una estela de recuerdos tan perfectos y felices, que empeoraban mi llanto y me sumergían cada vez más profundo en mi patética depresión.
Y entonces sentí decepción. Me decepcioné a mi misma, pues luego de acostumbrarme a ese infierno, empecé a buscar personas que lo reemplazaran (sin éxito hasta el sol de hoy), empecé a mentir a mis amigos, diciéndoles que yo no sentía nada por nadie, y que mi depresión se debía al fracaso al buscarme parejas o cualquier otra relación similar…
Se que me cuesta, pero cada vez duele menos. Espero que en el 5to año, (que comienza éste octubre), pueda completar el proceso de olvidar, y espero superar algún día estas oleadas de celos que me invaden y me descontrolan todos los días.
Nunca le diré a nadie quién es él, es el único secreto que aún puedo conservar, la única conexión que me une a él, que a pesar de herirme hemorrágicamente, puedo mantener en secreto, pues es el tesoro más dulce que jamás he protegido (y protegeré). Y lo custodiaré con mi alma, como alguna vez custodié mi amor por él.